Turismo

El “caso” Torremolinos

A finales de los cincuenta, Torremolinos era un oasis donde todo podía estar permitido. La Costa del Sol acogió nuestro propio Stonewall Inn

A finales de los cincuenta España estaba saliendo de la autarquía pero contaba con pocos recursos naturales para hacer frente a un nuevo modelo de economía y vio en el turismo la mejor forma de llegada de divisas. El turismo, aprovechando el buen clima de la costa y el exotismo de sus pueblos, fue la solución, y además aportaban una imagen de apertura (de libertad condicionada) que a la Dictadura le interesaba.

Torremolinos pareció convertirse en una especie de oasis donde todo podía estar permitido. El pequeño pueblo será la meca de aquellos años, donde se abrió el primer bar gay de España, elTony’s bar en 1962, con un público fundamentalmente británico, y el de lesbianas, el Porquoi pas?, en 1968, regentado por Frau Marion. Desde ahí se iniciaron los que conformaron una especie de ruta como el Incógnito, el Fauno y el Düsseldorf.

Se decía que allí cada día es verano y cada noche es sábado. El pueblo y su fiesta fueron tan importantes que acabaron inmortalizados en libros como el de James A. Michener The Drifters (1968) o Torremolinos Gran Hotel (1971) de Ángel Palomino.  

Pasaje Begoña en los 50Pero no salía de allí, era una especie de “libertad vigilada” donde el régimen tenía controlados a todos los elementos discordantes. Sus calles se habían convertido en el lugar de la extravagancia y nada más “raro” que la homosexualidad.

Pero esto no quitaba para que hubiera redadas y detenciones, aunque nunca de extranjeros, a los que como mucho se les advertía. Se detenía a los jóvenes, y menos jóvenes, que iban a divertirse al calor de lo nuevo, o que merodeaban por allí en busca de trabajos.

Esto comenzó a principios de la década de los sesenta, se mantuvo casi diez años pero fue brutalmente finiquitado a primeros de la década siguiente, concretamente el 24 de junio de 1971, en lo que se conoció con “la gran redada”, en el pasaje de Begoña. Víctor Arroyo, Gobernador Civil de Málaga, decidió ponerle fin y la policía detuvo a ciento treinta y nueve personas y deportó a los extranjeros. Tal fue el impacto de la noticia que incluso se publicó en el Sunday Times del 29 de junio: “Tourists held in nightclub raids in Spain” y en la portada del semanario alemán Der Spiegel.

Pasaje Begoña, antes y ahoraSe cerraron los bares Evans y Noe y la sala de fiestas Caramela. “La decisión del Gobierno Civil está motivada en las reiteradas infracciones a la normativa en vigor referente a la moralidad pública y buenas costumbres”, publicó el diario Sur en la página 2 de su edición del 25 de junio de 1971.

Ya en 1964 el Fiscal de Málaga explicaba que “en las zonas de turismo, tan influenciadas por las costumbres extranjeras, se va perdiendo la conciencia de la moral de tan buen arraigo en las costumbres españolas; hoy las gentes no se escandalizan por nada, manifestando una peligrosa indiferencia ante la presencia de homosexuales y prostitutas, que no se recatan de hacer públicos alardes de su repugnante personalidad”.

Como es “natural”, conociendo la España de la época, la población “bienpensante” y “decente” se alegró de aquel descalabro contra “Sodoma y Gomorra” y así lo expresaron en cartas a la prensa local contra unas prácticas “indecentes y depravadas”.

Tal vez no volviera a ser lo mismo, pero la apertura de nuevos locales como la discoteca Bronx hacía presagiar que tal vez podría volver el “espíritu del 62”, al calor de las dunas de El Bajondillo.

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