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Chulazos

Dime de qué fetiche presumes y te diré cómo eres

Los chulazos han convertido el fetichismo en un estilo de vida o una marca personal con el que ser simplemente diferentes

Los pueblos primitivos tenían a un ídolo u objeto de culto a los que se les atribuían poderes

sobrenaturales. Podemos estar hablando del origen de lo que hoy entendemos como fetichismo, cuando llevamos los fetiches, que así era como se conocían a esos iconos, a un terreno más sexual. Ya que, si recurrimos a la RAE, el fetichismo es una “desviación sexual que consiste en fijar alguna parte del cuerpo o prenda relacionada con él como objeto de excitación o deseo”.

Es decir, esas prendas o acciones ejercen tal poder o atracción sobre las personas que las llevan o las practican que se puede convertir en un estilo o modo de vida. Hablar de fetiches es como hacerlo de sabores de helados, cada vez hay más y más sorprendentes. Desde los que les gustan hacer trabajos sexuales con los pies (footjob) a los que tienen fantasías con personas gigantes (macrofilia).

El catálogo es inmenso, porque para gustos los colores, pero si hay un clásico ese es el leather, ya que, como nos explica Kenny Larsen, “la ropa diseñada en piel creó el primer movimiento fetish que se podía exponer públicamente”. Una manera de vestir que se basa en “la ropa militar, motera o de equitación”, que fue fuente de inspiración de grandes artistas como Tom of Finland y que cuenta actualmente con concursos nacionales e internacionales para elegir a los ‘hombres de cuero’ más atractivos del año.

fetiches gays
Keny Larsen
 


Pero los hay a los que les gusta sentir el caucho o la goma como una segunda piel. Este movimiento se conocer como Rubber y lo que más gusta, según Kenny, “es que este tejido se queda adherido y puedes sentir sensaciones nuevas de temperatura”. El Rubber puede ser “excitante para practicar juegos sexuales, pero también elegante para llevarlo puesto en una fiesta fetichista”.

Pero también los hay que sienten esa satisfacción cuando lucen sobre su cuerpo prendas de corte deportivo. Es lo que le pasa a David o Dgarci18 en Instagram, al que le pone “un pantalón corto sin nada debajo, a ser posible suelto para que marque el paquete al andar”. Además de “unas buenas calcetas y un arnés que, a parte de adornar, facilita ciertos movimientos”. Por no hablar de “un suspensorio con calcetines y unas  deportivas para correrse una buena fiesta”.

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Dgarci18

Y seguro que alguna vez has envidiado la vida de los perros, pues hay personas que llegan a sentirse como un cachorro. Es lo que se conoce como movimiento puppy, que no es otra cosa que sacar el “perrete” que todos llevamos dentro. Los que lo practican aseguran que cuando se transforman en un puppy se deshumaniza, desaparecen los agobios y sólo queda el cachorro que quiere jugar y que le mimen.

Por ello, para Eneko, más conocido como Pup_Eliot,  ser puppy “es poder liberarte de tus inseguridades y vergüenzas, te olvidas de los problemas que tienes y puedes ser quién realmente eres”. Pero lo que más le gusta a Eneko de ser un cachorrito es “que me mire la gente, que tenga curiosidad y que se quedan sorprendidos”. Ya que, lo más normal es que te lo encuentres con un máscara, bien de cabeza completa, llamada hood, o con un hocico o bozal (muzzle). Además de la chapita con su nombre. 

Y que sería del fetichismo sin los calcetines ejecutivos, una filia a medio camino entre la podolatría, el fetiche de los pies, y la elefilia, la atracción hacia el nylon. Aunque no se pueden dejar de lado otras filias hermanas, como el retifismo, con los zapatos, la olfactofilia o excitación con los olores corporales o el frotismo, que es el placer por tocar o frotarse con algo.

Para Eduardo, conocido en redes como Ejecutivo Pérez, este fetichismo se remonta “a las pelis de gánster, con esos hombres medio desnudos y con calcetines altos, o a las de Pajares y Esteso, en las que siempre los pillaban manteniendo sexo con los calcetines largos y semiopacos puestos”. Aunque uno de sus primeros descubrimientos sexuales al respecto fue un profesor de historia, sentado en la mesa, al que “le encantaba juguetear con el zapato, dejando ver el talón con los calcetines semitransparentes”.

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Ejecutivo Perez

Aunque actualmente es complicado encontrar hombres que usen estos ‘sheer socks’, comenta Eduardo, es “muy excitante jugar con nuestros pies enfundados en unos ejecutivos, mirarlos, lamerlos, tocarlos, besarlos o morderlos”.  Aclarando que existe una diferencia entre fetichismo y parafilia, ya que, “si en tu vida sexual necesitas meter el fetiche para excitarte, estás sufriendo una parafilia”. Sin embargo, añade, “ si el fetiche le da un puntazo a tus polvos, entonces, será un fetichismo”. Ya que, ser fetichista no es malo, simplemente es ser diferente.

Fran Ricardo

Periodista y community manager de profesión. Bloguero de afición. Aunque me defino más como un contador de historias que se lo pasa bien hablando de chicos en los vestuarios. Vive y deja vivir, pero sobre todo 'Be yourself'.

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