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Soy grito y soy cristal: ¿cómo sentimos los niñxs LGTB+?

‘Maricón’ era la palabra que más escuchaba en mi infancia, algo duro para un niño que solo quería vivir y la sociedad se lo impedía

Para las personas del colectivo este relato les va a sonar familiar, por desgracia la gran mayoría hemos sufrido estos delitos de odio y agresiones tanto físicas como verbales. Pero esto, no solo es un simple relato personal, creo que representa a muchxs de vosotrxs.

Yo era un niño simple, educado y que respetaba a todo el mundo, ya que yo quería recibir lo mismo. Pero desgraciadamente, lo único que conseguí siendo realmente yo fue el rechazo, la vejación y el odio hacía mí mismo.

Nadie se merece vivir camuflando su propia identidad y orientación sexual por la aceptación social, todxs debemos ser aceptadxs y disfrutar de la vida como realmente somos. Pero ellos me hicieron vivir con una personalidad que no me correspondía, ya que así conseguía recibir menos insultos y agresiones.

Desde pequeño me gritaban maricón, mariquita, bujarra, etc. pero al fin y al cabo eran palabras, y digo simplemente, porque no se quedó ahí. Un niño de 10 años no se merece que le tiren su comida y se la pisen, ningunx niñx se merece que le tiren un cigarro encendido en la cara y tampoco que le apedreen llegando a casa.

niñx LGTB+
El Confidencial

Al final, aprendí a vivir con ello y lo tomé como costumbre y al final lo veía hasta normal porque era mi día a día. Pero toda esta situación rebosó el día que dos de mis amigas me llevaron a casa con la nariz ensangrentada después de recibir un puño simplemente por ser yo.

Después de esto, pasé de ser cristal a ser grito, no quería que nadie me pisoteara, quería ser yo y ser libre. Desgraciadamente, yo no tomé acciones legales, pero si estás leyendo esto y te ha pasado algo parecido hazlo, todas las agresiones hay que denunciarlas para que quede constancia y para que así sigamos consiguiendo los derechos que nunca nos deberían de haber quitado.

El problema de todo esto es el sistema educativo, la diversidad sigue siendo tabú. Así que hay que dar gracias a todas las asociaciones que día a día luchan por esa diversidad y por la igualdad que todxs merecemos.

La vida me ha enseñado mucho, aunque a una edad que no me correspondía. Estoy muy agradecido al colectivo, juntes somos más, sigamos luchando.

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