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Vivimos actualmente en una sociedad súper polarizada en la que los extremos son muy evidentes en todos los ámbitos; el punto medio, el equilibrio, brilla por su ausencia.

La autoestima baja es uno de los problemas más importantes que nuestra sociedad tiene actualmente, siendo la base de las inseguridades, miedos, bloqueos etc., que nos impiden tener una vida plena. Muchas veces tendemos a ir al otro extremo para compensar y se nos va de las manos, pasando de estar fatal a ser lo puto más y creernos el ombligo del mundo. A eso se le llama egocentrismo.

El diccionario define el egocentrismo como la “valoración excesiva de la propia personalidad que lleva a una persona a creerse el centro de todas las preocupaciones y atenciones”. La psicología nos dice que es la característica que define a las personas que creen que sus propias opiniones e intereses son más importantes que las de los demás.

No todos los egocéntricos son iguales, estos son algunos tipos habituales:

Con exceso de autoestima: en este perfil, las personas se valoran excesivamente a sí mismas, en ocasiones por sentirse justamente lo contrario y tener una autoestima débil.

Lxs que se comparan constantemente y envidian: estas personas no aceptan el éxito de los demás y se comparan constantemente y sufren. No se aceptan y para ellxs todo es un reto. No aceptan ayuda.

Exhibicionistas: sienten la necesidad de llamar la atención permanentemente y esperar halagos y admiración.

Manipuladores: necesitan admiración y llamar la atención, ya sea mediante chantaje emocional o manipulando comportamientos, para poder tener más control y poder sobre los demás.

Sentimientos de grandeza: se creen poseedorxs de grandes habilidades y talentos, se sienten grandes divxs.

Autoconfianza falsa: aparentan una gran confianza en sí mismxs, normalmente como mecanismo de defensa, siendo personas inseguras en su esencia.

Distorsión de la realidad: tienen sueños de grandiosidad que sólo están en su mente, pero que asumen como reales.

No reciben bien las críticas: se ofenden en extremo ya que los demás no tienen el nivel suficiente para criticarles y si lo hacen es por envidia.

Yo, yo y yo: utilizan el YO de forma sistemática y tienen una focalización constante en sí mismxs. No existe nadie más.

Seguro que habéis reconocido a alguien en alguna de estas definiciones, o incluso a vosotrxs mismxs, y es que todxs tenemos un poquito de todo, todxs tenemos nuestras luces y sombras.

Lo que nos da más o menos brillo es nuestro equilibrio.

Hazte consciente de quién eres y cómo eres, observa a las personas que te rodean y descubrirás que estamos rodeadxs de maestrxs (amigxs, parejas, compañerxs de trabajo, familiares, etc.) en lxs que podremos reconocer las poses del ego con más facilidad que en nosotros, y de lxs que tenemos mucho que aprender.

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