
Los datos no dejan lugar a dudas: el odio no solo se percibe más, sino que también se vive más. Y con mayor intensidad.
Más acoso, más agresiones y una realidad que empeora
En apenas dos años, la situación ha empeorado significativamente. La prevalencia del acoso ha pasado del 20% al 36%, mientras que las agresiones han aumentado del 7% al 22%. Además, más de la mitad del colectivo (54%) ha sufrido algún acto de odio en el último año, ya sea en espacios físicos o en el entorno digital.
Las redes sociales se han convertido en uno de los principales escenarios de violencia: 4 de cada 10 personas LGTBI+ han sufrido odio online.
Pero hay un dato especialmente preocupante: la mitad de las víctimas han sufrido estos ataques en más de tres ocasiones en los últimos cinco años. Es decir, no se trata de hechos aislados, sino de una violencia estructural y persistente.
El impacto emocional: ansiedad, miedo y sexilio
El odio no solo deja huella en forma de agresiones físicas o verbales. También afecta profundamente a la salud mental. Según el informe, las personas LGTBI+ experimentan mayores niveles de ansiedad, depresión, soledad, apatía y miedo.
Además, el fenómeno del sexilio —abandonar el lugar de residencia para poder vivir la identidad o la orientación sexual con libertad— sigue creciendo, independientemente del tamaño del municipio.
Las personas más vulnerables dentro del colectivo, como las personas trans, jóvenes, con menos recursos o pertenecientes a otros grupos discriminados, son quienes sufren este odio de forma más intensa.
Denunciar sigue siendo difícil (y muchas veces inútil)
Aunque las denuncias han aumentado hasta el 35% en 2026 (casi el doble que en 2024), la confianza en las instituciones sigue siendo baja.
El 74% de quienes denunciaron vivieron experiencias negativas durante el proceso, frente al 57% que reportaron experiencias positivas. Además, solo el 15% acudió exclusivamente a autoridades como la policía, mientras que el 41% buscó ayuda en organizaciones LGTBI+.
Las mujeres, especialmente las lesbianas, son quienes menos denuncian.
El motivo principal: la percepción de que las autoridades no son eficaces ni están suficientemente formadas para gestionar estos casos.
Un Pacto de Estado urgente contra el odio
Ante esta situación, desde la FELGTBI+ se reclama una respuesta institucional contundente: la aprobación de un Pacto de Estado contra los discursos de odio.
“Si el odio avanza, la protección debe hacerlo aún más rápido”, defienden desde la organización. La propuesta pasa por una estrategia estructural que incluya reformas legales, recursos económicos y medidas de protección a largo plazo.
El objetivo es claro: evitar que el odio se normalice y se convierta en una parte estructural de la sociedad.
De “Spain is different” a “Spain needs to be different”
Como parte de esta reivindicación, la Federación ha lanzado una campaña que reinterpreta el histórico eslogan “Spain is different”.
Ahora, el mensaje es otro: “Spain needs to be different”. Una llamada urgente a recuperar el orgullo de un país que fue pionero en derechos LGTBI+, pero que hoy enfrenta un preocupante retroceso impulsado por el auge de los discursos de odio.
Porque el mensaje es claro: sin protección real, no hay libertad real.


