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“Transhumanismo”: Redención y pecado en el nuevo videoclip de Alan Neil

Dirigido por la Kinki Factory, “Transhumanismo” cierra por todo lo alto la etapa de 'El Desarraigo'

Despedirse de un disco, despedirse de una etapa, no siempre es fácil. Con la vista puesta en el futuro, cómo no, pero homenajeando siempre al pasado, a su pasado, Alan Neil pone el broche de oro a la etapa que le ha visto nacer artísticamente. Una etapa de reposición, de rebeldía juvenil que se ha tornado en serena reflexión y en activismo comprometido. Una etapa desarraigada, como quiere representar El Desarraigo que ha servido como hilo conductor para que la voz de Alan Neil saliera de los dormitorios y sus delirios. Una etapa que le ha llevado a Valencia a conocer a su escudero musical, Toyzz; a cantar ante una abarrotada plaza de Colón, en Madrid, durante las fiestas del Orgullo; o a Barcelona para grabar este impactante videoclip y acabar encajando en una de esas familias que eliges, que se te cruzan en la vida y en las que terminas sintiéndote como en casa, la Kinki Factory. A creerse que tiene algo que decir y a demostrar que cómo decirlo siempre tiene que ser algo importante. 
 
Así, El Desarraigo llega a su fin con un Alan Neil más arraigado, que comienza poco a poco su transformación y que, para simbolizarlo, entrega por fin un videoclip. El fruto de arduos meses de trabajo y la culminación de una era. Esa canalización se encuentra en las corrientes intermitentes de Transhumanismo, seguramente la canción más experimental del disco debut de Alan Neil y una de las que más precisamente encarnan sus inquietudes musicales, integrando unas líneas de fandango en una estructura eminentemente pop que en sonido evoca al PC-Music y a experimentos electrónicos más radicales. Producida por Toyzz y el propio Alan, es además la canción que más ha llamado la atención dentro de la crítica musical nacional, y ahora cobra vida gracias a un ambicioso proyecto visual a cargo de la Kinki Factory que estrena en exclusiva NEO2.

Transhumanismo Alan NeilRodado en febrero de este año, cuando el futuro parecía brillar con ecos primaverales delante de nuestras narices, el videoclip de Transhumanismo ha sido dirigido y concebido artísticamente por la productora independiente barcelonesa, detrás también de trabajos de Luna Ki (Septiembre y Buenos Días) o de Chico Blanco (Caramelo House (Otro Lado)). La Kinki Factory se une así a la pata visual del artista madrileño con una propuesta de gran calidad cinematográfica, con Oriol Colomar ejerciendo como director de fotografía e Israel Stonem llevando la batuta de la dirección artística, que entre los dos han conseguido trasladar la estética eclesiástica y su consecuente barroquismo a un discurso minimalista, casi tenebrista y enormemente simbólico, con fuertes referencias a la obra de Caravaggio, Velázquez o José de Ribera. 

Rocco Marvin se ha encargado del estilismo, para el que ha seleccionado piezas futuristas y con toques eclesiásticos o relacionados con el folclore español, dos universos muy presentes en el ideario estético de Alan Neil. La falda-mantel que lleva el artista, realizada con productos reciclados, pertenece a la colección Extra de Rodrigo Falero y Agustín Power; el jersey negro es una creación en 3D de Zer Collection; las joyas, handmade, son de Kiala Kanzi; y la espectacular capa virginal con unas laboriosas hombreras y un jersey de punto liso realizado a mano con cientos de claveles de ganchillo bordado, una obra de Lucía Cano Soto que recrea la Cara de la Guerra de Salvador Dalí y que le sirvió como proyecto de fin de grado en la Escuela de Diseño LCI de Barcelona.

Alan Neil VideoTranshumanismo se asienta sobre los patrones de la celebración del sacramento católico pero construye el discurso a la inversa, concibiendo así la excomulgación desde una perspectiva liberadora. El Alan Neil sumido en el tenebrismo de un férreo ultracatolicismo se enfrenta al Alan Neil luminoso, virginal, lujurioso y liberado de las cadenas de la represión. Ese Alan Neil que aparece desacralizado y a la vez icónico, acariciando a la misma serpiente que la virgen, por su parte, aplasta con sus propios pies. 

El cantante, productor y compositor Alan Neil se crió en el cante jondo de las peñas flamencas del cinturón obrero de Madriz. Aquel Pueblo de Vallecas de los 90 también estaba influenciado por la ruta del bacalao: sus hermanos quemaban las cintas y las zapatillas de tanto escucharlas.  
 
Con ese acerbo de beats y sintetizadores a la espalda, la cultura del acid house, el cante y el tablao, Alan Neil ha dejado la puerta abierta a sus orígenes y ha reinterpretado sus raíces a través de todos los influjos culturales que ha mamao desde su infancia y adolescencia. De esa fusión radical, pasional, efervescente emerge un trabajo con perspectiva queer, de gran carga social y emocional y de experimentación electrónica como es El Desarraigo . Una coctelera en la que se trituran pop, techno, Madriz, la ruta, los patios andaluces y nuestras folclóricas, el deep house y el electroclash, experimentación y PC-music, lo viejo y lo nuevo. Y siempre radical.

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