Sevilla

Homosexualidad y Sevilla: siglos XVI-XVII

Actualmente la homosexualidad no es ilegal en España, pero hubo una época en la que, los denominados incómodos de Sevilla, eran castigados.

«¿Sabes por qué os llamamos mariposas? El fuego atrae a la mariposa. La mariposa, tentada por la atracción de la llama, vuela adelante y atrás, acercándose cada vez más y más al fuego. Como un baile. En un primer vuelo, la mariposa revolotea alrededor de la llama y solo se quema un ala. Pero la tentación del fuego es demasiado grande, vuelve, no puede evitarlo, es su condición. En un segundo vuelo, la mariposa revolotea tan cerca que se quema del todo. Desaparece».

Estas son las amenazantes palabras de Luis de Zúñiga (Paco León) en la serie La Peste (2017), parafraseando al fray Pedro de León, capellán de la Cárcel Real de Sevilla (que se encontraba en la calle Sierpes) entre los años 1578 y 1616. Uno de los lugares más oscuros de la Sevilla del Siglo de Oro. Aquella Sevilla que fue descrita por Luis de Góngora como la Gran Babilonia de España, una de las más pobladas de Europa y donde era fácil encontrar mercaderes de diferentes naciones atraídos por ser puerto que unía el Viejo y el Nuevo Mundo.

Homosexualidad y Sevilla: siglos XVI-XVII
Paco León en la serie de Movistar Plus ‘La Peste’

Y era en ese barullo de ir y venir de gentes, donde De León vio gestarse la propagación de una pestilencia, «la lacra» como la llamaba, traída por los extranjeros, especialmente turcos e italianos. Para De León y otros no se estaban refiriendo a alguna enfermedad, sino a lo que se conocía en aquella época como el pecado nefando, pecado contra natura, la sodomía.

Equiparable al bestialismo, la sodomía suponía una ofensa a Dios, ya sea en su variante perfecta, aquella en el que el coito anal era llevada a cabo por dos hombres, o imperfecta, aquella realizada por dos individuos del sexo opuesto. Argumentaban que el hombre participaba en la labor creadora de Dios al ser el generador activo de la procreación, siendo la mujer solo el recipiente donde se depositaba el semen. Era visto como una perturbación del orden natural creador, un acto obsceno y lascivo, un insulto a la máxima de que el hombre fue creado a imagen de Dios y causa de los tormentos que padecía el hombre en la tierra. Aquellos que realizaban el pecado nefando eran calificados como sodomitas, putos, maricas-maricones (del latín mulier, un hombre afeminado o cobarde) o bujarrones (aquél que disfrutaba de la penetración anal).

Era ya perseguido y castigado por Las Partidas (s.XIII) y, posteriormente, fue agravado por las pragmáticas contra la sodomía de 1497 y de 1592. El castigo era la muerte por garrote y la quema del cuerpo (si uno de los acusados era menor o forzado contra su voluntad se le perdonaba la vida, aunque en otros casos podría conllevar castigos: obligarle ver la muerte de su amante, latigazos, destierro o remar en galeones). En Sevilla había tres tribunales que castigaba la sodomía: la Audiencia de Sevilla, la Santa Inquisición y la Audiencia de la Casa de la Contratación (para aquellos casos de sodomía que se denunciaban en el puerto o a bordo de algún barco con destino a las Indias). Tras el encarcelamiento, que podía conllevar tortura, si el acusado era hallado culpable, era conducido por las calles principales de Sevilla hasta el quemadero (en el Prado de San Sebastián). Sus propiedades eran confiscadas.

Como no podía ser de otro modo, en todos los estamentos sociales encontramos procesos de pecado nefando (sonado fue el caso de fray Francisco de Salazar, obispo de Salamina, con su paje en 1578). En la serie, un espacio arbolado es el escenario donde se concierta los encuentros: conocido era en la época que la Huerta del Rey, a las afueras de la ciudad, se veían y mantenían encuentros sexuales, aunque existían locales y redes clandestinas dentro de la ciudad.

¿Qué pasaba con el amor entre mujeres? También era considerado un pecado contra natura, pero era un pecado menor comparado con la sodomía masculina, excepto en los casos en los que se usara un «instrumento».

Pese a la persecución, la lacra que denunciaba De León no desapareció. Apostillaba: «que los peores pecadores no son aquellos quemados sino los que todavía tienen que ser arrestados».

Homosexualidad y Sevilla: siglos XVI-XVII

Bibliografía:

Federico GARZA CARVAJAL (2002), Quemando mariposas. Sodomía e imperio en Andalucía y México siglos XVI-XVII. Barcelona:Laertes.

Etiquetas

Antonio Arteaga

Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla, en los itinerarios de Historia Antigua y Arqueología. Interesado en el mundo antiguo en general, especialmente en el mundo grecorromano, Antigüedad Tardía y el mundo de Asia Central y Oriental, en la historia LGTB+, cine, series y frikismo.

Artículos Relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Botón volver arriba
Cerrar
X