
Hay noches que no se olvidan. Y lo que vivimos en Sevilla con Leire Martínez fue exactamente eso: un viaje emocional entre el pasado y el presente, entre la nostalgia y el renacer.
Enmarcado dentro del Festival Insólito, el concierto también sirvió para reivindicar algo importante: Sevilla no es solo fútbol y feria. Sevilla quiere cultura, música en directo y propuestas diferentes. Y anoche quedó más que demostrado.
Pero antes de seguir, conviene dejar algo claro: esta no es una crítica cualquiera. Quien escribe esto es fan de La Oreja de Van Gogh desde finales de los 90. Desde el principio. Por eso, todo lo que viene está escrito desde el cariño, el respeto y una conexión emocional real con su música y con Leire.
Un concierto entre dos mundos
El show arrancó con Mi nombre, uno de los pilares de su nuevo álbum Historias de aquella niña. Desde el primer momento, Leire dejó entrever lo que sería la noche: una artista que, como ella misma reconoció, está “reconstruyéndose” y viviendo una etapa muy especial.
El repertorio fue un equilibrio constante entre su nueva identidad y los clásicos de La Oreja de Van Gogh. Sonaron temas como El último vals, El primer día del resto de mi vida, Día cero o Cometas por el cielo, que el público coreó con una entrega absoluta.

En uno de los primeros momentos de conexión, Leire agradeció el apoyo recibido y explicó que quería compartir tanto su nueva música como las canciones que han marcado su historia. Una decisión comprensible… pero que deja una sensación clara: nos habría gustado un setlist con más peso de su nuevo proyecto, porque es ahí donde realmente está construyendo algo propio.
Una artista que ha vuelto más fuerte
Porque si algo quedó evidente es que Leire Martínez está en un momento vital y artístico clave. Sobre el escenario se mostró emocionada, cercana y profundamente agradecida, reconociendo varias veces lo importante que está siendo esta nueva etapa para ella.
Temas como No se me da bien odiarte, El ruido, Será diferente o Cosas de la vida nos dejaron ver a una Leire más libre, más auténtica y más conectada consigo misma. Una Leire estupenda, maravillosa y artista de pies a cabeza.
Y hay que decirlo claro: su disco tiene mucho más que ofrecer. Se echó especialmente en falta Cabeza de ratón, una de esas canciones que demuestran que este proyecto tiene profundidad y recorrido más allá de Mi nombre.
El momento que nos dejó sin palabras
Si hubo un instante que marcó la noche fue, sin duda, Jueves. Antes de interpretarla, Leire pidió casi sin palabras respeto y emoción, consciente de lo que representa esta canción vinculada a los atentados del 11 de marzo en Madrid.
El resultado fue sobrecogedor: un silencio absoluto y un público completamente entregado a la emoción. Uno de esos momentos donde la música deja de ser espectáculo para convertirse en algo mucho más profundo.
También hubo espacio para la cercanía y la naturalidad, como cuando el público le pidió una sevillana y ella, entre risas, reconoció que “solo se sabía un poco” de Mírala cara a cara, regalando un momento espontáneo y muy divertido.

Y no faltó el compromiso: antes de cantar Su maldición, Leire habló con firmeza sobre la violencia de género, recordando que sigue siendo una lacra social que no podemos ignorar.
Una familia sobre el escenario
Otro de los grandes aciertos del concierto fue poner en valor a su equipo. Leire habló de su “familia” artística con emoción, presentando con cariño a su banda —Rosco, Milena, Yanira— y a Víctor Elías, conocido por Los Serrano y hoy consolidado como músico y compositor.
Ese sentimiento de unión, de equipo, se sintió en cada canción. No era solo un concierto: era un proyecto compartido.
Un final para los de siempre
El tramo final fue un regalo para quienes llevamos años ahí: Muñeca de trapo, Rosas y unos bises con La niña que llora en tus fiestas.
Antes del cierre, Leire volvió a mostrarse agradecida, consciente del peso emocional de lo que estaba viviendo sobre el escenario. Y, como no podía ser de otra manera, el broche final llegó con Inmortal. Porque hay canciones que trascienden. Que ya no son solo música, sino parte de nuestra vida.

Sevilla, cultura y futuro
Sevilla respondió como debía: con un público entregado, respetuoso y profundamente emocional cuando tocaba serlo, confirmando que la ciudad tiene espacio —y, sobre todo, ganas— de música en directo y propuestas culturales diferentes. En este contexto, el Festival Insólito no solo suma, sino que se consolida como una cita necesaria dentro de la agenda cultural sevillana.
Sobre el escenario, Leire Martínez se mostró especialmente cercana, agradecida y sincera, insistiendo en varias ocasiones en lo importante que está siendo para ella esta nueva etapa y en cómo está aprendiendo a disfrutar de nuevo del camino.
Así, queda claro que ha iniciado una nueva etapa desde la honestidad y el talento; puede que el setlist mirara en exceso al pasado, pero lo verdaderamente importante es el futuro que tiene por delante, porque si algo quedó evidente anoche es esto: artistas así son las que necesitamos.



