
Siempre que pensamos en el oficio de escritor, asumimos que este se desarrolla de una forma individualista. La imagen prototípica de la escritura posiciona al autor delante de su folio en blanco y en ese instante es en el que se desarrolla la magia, el genio del que hablaban los poetas románticos.
Sin embargo, más allá de ese momento mágico, la literatura no deja de ser un enjambre social en el que todas las personas que vivimos de ello nos relacionamos. Por esta razón, los libros no solo son un instrumento egótico para lxs autorxs, sino que se muestran como herramientas para la unión de voces que comparten características esenciales dentro de este oficio.
Las antologías han sido siempre un espacio de cohesión en la que lxs autorxs han dado rienda suelta a la imaginación, demostrando que, más allá de ese yo poético único, las voces contemporáneas encierran cohesiones inherentes que muestran las características de una época.
Haciendo uso de este instrumento, observamos que la literatura LGTB+ también se sube al carro de la unión y lo hace, como siempre, de una forma acertada. Al fin y al cabo, una de las grandes necesidades de nuestra cultura colectiva es la de crear genealogía y, sin duda alguna, una de las mejores maneras que tiene para hacerlo es uniendo en un solo volumen a diferentes voces que sientan la necesidad de hablar sobre nosotrxs desde el nosotrxs.
Desde hace unos años editoriales como Egales, Dos Bigotes o El rey de Harlem, entre otras, han optado por este tipo de composiciones, agrupando en ellas a artistas que demuestran que crear genealogía es cada vez más necesario si observamos que la evolución del mundo vuelve a una tendencia reaccionaria que promueve el borrado de nuestras identidades.

Así antologías de poesía como Blanco nuclear (editorial Sial), De Chueca al cielo: 100 poemas celebrando la diversidad (compilada por Lawrence Schimel para Transexualia) o Antología de Poesía Queer publicada este año por la editorial Espasa acompañan a otras, esta vez de relatos, como Vagos y maleantes o Locas y perversas (Egales), Flores y Ruina o Asalto a Oz (Dos Bigotes) o la nueva antología Coloquio de Resistencia: antología de voces sáficas, publicada esta primavera por la editorial El rey de Harlem.
En ellas se observa la unidad a través de la diferencia que el colectivo siempre ha mostrado y que demuestra, asimismo, que somos miles las voces que nos unimos para reivindicar lo mismo, que la diversidad no entiende de restricciones. La literatura, una vez más, vuelve a alzarse orgullosa; sin embargo, esta vez muestra un mensaje más allá y es que, a pesar de que la sociedad nos individualiza, somos muchas las personas que demostramos cada día que, a pesar de todo, seguimos aquí y que, si trabajamos en comunidad, llegaremos más lejos.
Al fin y al cabo, no podemos dejar de seguir recordando al mundo que existimos y que, a pesar de sus propuestas de extinción, nuestras voces han existido desde el inicio de los tiempos y ahora, que por fin somos un poco más libres, no dejaremos que otra vez nos silencien.



