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Lecturas LGTB+ recomendadas: Alicia García Núñez publica ‘Yo, la noche’, un viaje poético a la oscuridad del deseo y la memoria

Con prólogo de Sara Torres y epílogo de Laia López Manrique, el nuevo poemario consolida una voz que entiende la intimidad como territorio político

La poeta Alicia García Núñez publica Yo, la noche (Bala Perdida Editorial), un libro que se adentra en la oscuridad no como ausencia de luz, sino como espacio de revelación. Un poemario que explora el deseo, el cuerpo y la memoria desde una escritura contenida, pero intensamente emocional.

Con este sexto libro, García Núñez continúa una trayectoria coherente y reconocible dentro de la poesía española contemporánea. Su obra, traducida a varios idiomas y estudiada en universidades europeas y de Oriente Medio, confirma una proyección internacional que dialoga con su mirada profundamente personal.

La noche como lugar de verdad

Yo, la noche no plantea una épica del sufrimiento ni un dramatismo impostado. Más bien propone una escritura que avanza desde el silencio, desde aquello que no siempre encuentra espacio en la conversación pública. En el prólogo, Sara Torres señala que la voz de García Núñez “resiste al silencio y parece decir: también el silencio demanda ser registrado”.

Esa idea atraviesa el libro: la necesidad de nombrar lo que permanece en sombra, de registrar lo íntimo como gesto político. La noche aparece como territorio ambiguo, donde conviven el miedo y el deseo, la vulnerabilidad y la potencia.

Alicia García Núñez Yo, la noche
Yo, la noche

En el epílogo, Laia López Manrique vincula esta escritura con un desasosiego contemporáneo que busca el “chispazo”, la intensidad del estallido. Sin embargo, el libro no grita: sostiene. Y en esa contención encuentra su fuerza.

Cuerpo, identidad y memoria

La poesía de García Núñez ha estado siempre atravesada por el cuerpo y la identidad. En este nuevo trabajo, esa exploración se afina. El yo poético se desplaza entre la fragilidad y la afirmación, entre el deseo y la herida, sin resolver del todo las tensiones.

Hay en Yo, la noche una conciencia clara de que la intimidad no es un espacio aislado del mundo. Lo que ocurre en el cuerpo —el deseo, la pérdida, la soledad— tiene una dimensión colectiva. En ese sentido, el libro dialoga con una tradición de escritura queer que entiende la experiencia personal como parte de una memoria compartida.

Una trayectoria que cruza disciplinas

Alicia García Núñez (they/them) no solo es poeta. Es también artista sonora y gestora cultural, y esa transversalidad se percibe en su escritura. Ha formado parte de proyectos como VOCDAT o Littio X, donde la palabra se mezcla con la experimentación sonora.

En libros anteriores como La historia sin nosotras, Más cicatrices me hacen más alta o Parabellum, ya aparecía esa tensión entre lo íntimo y lo político, entre la cicatriz y la afirmación. Yo, la noche parece recoger esa trayectoria y llevarla hacia una zona más depurada, más consciente de sus silencios.

Más allá de la cita concreta, Yo, la noche se sitúa como uno de esos libros que invitan a una lectura pausada. Un poemario que no busca deslumbrar desde la estridencia, sino acompañar desde la honestidad.

En tiempos de ruido constante, escribir desde la noche puede ser, también, una forma de resistencia.

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