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‘Carmen’ de Álvaro Prados

El artista Álvaro Prados dedica un poema extraído de la antología 'La devoción inflamada' (varios autores, 2016) a la recientemente fallecida Carmen Sevilla. Un icono irrepetible a la que echaremos de menos

CARMEN

Majestuoso salón:
retratos con poses exageradas,
fotos en blanco y negro,
y premios dorados
se oscurecen día a día.
-cogiendo polvo-.

Sentada en mi chester
con la manta de terciopelo,
no dejo de mirar embobada
los colores y lunares
del vestido de la chica
que está cantando en la tele:

“Yo soy Carmen la de España,
cigarrera de Sevilla.”

Carmen
Car
Men
Carmen

….

¿Quién es Carmen?
Carmen la gitana,
Carmen de España,
Carmen de Sevilla,
Carmen de Mérimée.
No.
De Mérimée, no.
Carmen.
Carmen la destapada,
Carmen la televisiva,
Carmen la SUPERSTAR.
SUPERSTAR.

Sí.
Carmen.
Carmen.
Ya me acuerdo.
Carmen.
Yo,
yo quería ser Carmen,
yo quería tener la sonrisa de Carmen,
yo quería tener la mirada de Carmen,
yo quería
cantar
y bailar como Carmen.

….

Pero yo
me miro
y
estoy bastante más arrugada
que Carmen,
mi cintura es
el doble de la cintura de Carmen,
y
mientras Carmen se recorre el mundo,
yo hace años que no salgo de este salón.

“Ay Carmelilla,
qué maravilla,
qué maravilla,
eres lo más bonito
que hay en Sevilla.”

Sin embargo,
¿por qué
yo me siento tan joven,
divina,
bella, espectacular
y artista
como lo es Carmen
-o incluso más-?
Porque
sí,
porque
claro,
yo,
yo soy ella,
yo soy Carmen.
Sí.
Y además,
ella…
ella está aprendiendo,
y yo,
ya lo he hecho todo.
Carmen sufre por amores
que a mí me dan igual.
Carmen busca un hijo,
y yo tengo varios nietos.
Carmen quiere ser delgada
y yo disfruto de no serlo.
¿Por qué ser la abuela de España
tiene que ser menos
que haber sido la novia?
Me niego.

Arriba,
arriba,
lanzando esta manta
como lancé mantones
y moví volantes.

Voy a arreglarme:
a por uno de mis abrigos de pieles,
a ponerme los tacones
-aunque me duelan las rodillas-,
a por mis pendientes y mis anillos,
a pintarme los ojos y los labios,
y a taparme las arrugas del cuello
con mi fabuloso fular de seda.

“Cabecita, cabecita loca
qué bonitos ojos,
qué bonita boca.
Cabecita, cabecita loca
yo no tengo nada,
nada en qué pensar,
nada en qué pensar.”

Y entonces
otra vez el blackout:
¿Adónde iba yo?
Y
¿Por qué estoy tan arreglada?
….

Claro,
es que
una es tan presumida
que se pone así hasta en su casa,
hasta siendo vieja.
Y todo,
para ver a una niña mona
que está cantando en la tele.

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