
De esa herida nace el Día Internacional contra la LGTBIfobia en el Deporte. Una jornada que no solo recuerda a Fashanu, sino que señala una realidad que sigue presente: demasiadas personas LGTBIQ+ continúan sintiendo que deben adaptarse, disimular o callar cuando pisan un vestuario.
En ese contexto, organizaciones como Orlander llevan años insistiendo en algo básico pero todavía revolucionario: el deporte no puede ser un espacio donde esconderse. Nacida en 2018 como un evento deportivo enfocado en el ocio saludable dentro del colectivo, Orlander ha evolucionado hasta convertirse en una de las entidades que más trabaja la conexión entre actividad física, comunidad y bienestar emocional.
“El 19 de febrero no es solo una fecha conmemorativa. Es un recordatorio incómodo de que el deporte expulsó a muchas personas por ser quienes eran”, afirma Fabri Orlandi, CEO de Orlander.
“Si alguien entra a un gimnasio o a un campo de fútbol y siente que tiene que vigilar cada gesto para no ser señalado, entonces todavía tenemos trabajo que hacer.”
El deporte como refugio… o como amenaza
La práctica deportiva está asociada a beneficios claros en salud mental: mejora la autoestima, reduce la ansiedad y fortalece el sentimiento de pertenencia. Pero cuando el entorno no es seguro, el impacto puede ser el contrario.
Diversos estudios internacionales señalan que un porcentaje significativo de personas LGTBIQ+ evita
participar en entornos deportivos tradicionales por miedo a comentarios homófobos o situaciones de discriminación. No es solo una cuestión de rendimiento: es una cuestión de dignidad.
“Durante décadas, muchas personas del colectivo crecieron asociando el deporte con burlas o invisibilidad”, señala Orlandi.
“Cambiar eso implica algo más que campañas en redes. Implica crear espacios reales donde nadie tenga que fingir.”
De la memoria a la acción
El 19 de febrero interpela a clubes, federaciones, instituciones y medios. No basta con recordar a Justin Fashanu; es necesario garantizar protocolos contra la LGTBIfobia, formación en diversidad y referentes visibles que rompan el aislamiento.
La inclusión no puede depender de la valentía individual de quien decide salir del armario en un entorno adverso. Debe ser una responsabilidad colectiva. Porque el deporte no debería ser una prueba de resistencia emocional. Debería ser, simplemente, un espacio donde poder ser.



