Legislacion

La reina Isabel II comunica que se aprobará una ley que prohibirá las terapias de conversión en Reino Unido

Al parecer, los activistas LGTB+ del país tenían dudas de que, en algún momento, se estableciese una ley que pusiese fin a este tipo de prácticas que se ejercen contra las personas LGTB+

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El pasado martes 11 de mayo, la reina Isabel II pronunció un discurso en el Parlamento de Reino Unido en el que comunicaba que el gobierno de dicho país establecería una ley que ilegalizará la terapia de conversión, una práctica que ha sido desacreditada tanto por el NHS como por la Asociación Mundial de Psiquiatría.

«Se presentarán medidas para abordar las desigualdades raciales y étnicas y prohibir la terapia de conversión», anunciaba la reina según el medio.

En este sentido, cuando se habla de terapia de conversión se hace referencia a cualquier tipo de acción que tiene como objetivo cambiar la orientación sexual o la identidad de género de una persona y, normalmente, suelen incluir técnicas como terapias de electrochoques o la oración.

Así pues, la ministra de Mujer e igualdad, Liz Truss ha asegurado que la ley se concretará después de que se produzca una reunión pública.

De esta manera, Truss afirmaba que «como líder mundial en derechos LGTB+, este gobierno siempre se ha comprometido a erradicar la práctica de la terapia de conversión».

«Queremos asegurarnos de que las personas en este país estén protegidas, y estas propuestas significan que nadie será sometido a una terapia de conversión coercitiva y aberrante», defendía la ministra.

Además, Liz Truss puntualizaba que «junto a esta legislación, pondremos a disposición nuevos fondos para garantizar que las víctimas tengan mejor acceso al apoyo que necesitan».

Los activistas LGTB+ tenían dudas de que se estableciera una ley que prohibiese las terapias de conversión

Al parecer, activistas del colectivo parecían dudar de que en algún momento se estableciese una ley que ilegalizase este tipo de prácticas, pues ya han sido algunos los políticos que han hablado de erradicar las terapias de conversión.

Fue el caso, por ejemplo, de Theresa May, ex-presidenta de UK quien, en 2019, alegó que el principal objetivo de su gobierno consistía en «acabar con la práctica de la terapia de conversión». Uno de los setenta y cinco puntos que constituían su plan para mejorar la vida de las personas del colectivo en Reino Unido.

Por otro lado, quien también se manifestó respecto a este tipo de prácticas fue Boris Johnson. Durante una visita a una escuela en Kent, Johnson consideraba que la terapia de conversión era una práctica «absolutamente aberrante» y que esta «no tiene cabida en una sociedad civilizada ni por supuesto en este país».

Sin embargo, el hecho de que se haya comunicado la proclamación de una ley anti terapias de conversión ha tranquilizado a muchas personas. En este sentido, Jayne Ozanne, persona cristiana evangélica homosexual y ex-miembro de LGBT+ Advisory Panel del gobierno, relata que se siente «aliviada de saber que se presentarán medidas».

Cabe mencionar también que Ozanne decidió dimitir de su puesto en el LGBT+ Advisory Panel, a comienzos de año, tras culpar al gobierno del país de crear un «ambiente hostil» para las personas que forman parte del colectivo LGTB+.

«La mayoría de las personas LGBT+ en entornos religiosos sienten que es su deber someterse a las autoridades y, por lo tanto, seguirán voluntariamente los «consejos» de sus líderes, incluso si estos les hacen daño», afirma.

Asimismo, Ozanne resalta que «el gobierno necesita implementar lo que la ONU y los líderes religiosos superiores han pedido: una prohibición total de todas las prácticas de conversión. No necesitamos más retraso, ya han consultado durante bastante tiempo» y «¡Ahora necesitamos que se actúe antes de que se pierdan más vidas!»

Peter Tatchell, activista LGTB+ y de Derechos Humanos, que también ha mostrado su emoción sobre esta nueva ley, ha criticado «tanto retraso, la escasez de claridad y la ausencia de una planificación para la prohibición».

«El gobierno ha estado prometiendo esta prohibición durante casi tres años y todavía no la tenemos. Todo lo que hemos tenido son más de 1.000 días de vacilación», resalta.

Tatchell también denuncia que «aún no conocemos los detalles concretos de esta prohibición y ha habido informes de que no se aplicará a las estructuras y prácticas religiosas. Hemos tenidos innumerables estudios y consultas. No necesitamos más».

Asimismo, asegura que «es hora de que Boris se ponga manos a la obra y lleve a cabo esta prohibición».

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