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Morir en el mundo por ser LGTB+

Pese a que España es uno de los países de Europa con una sociedad más tolerante, nuestro país ha presenciado suicidios como el de Ekai, Thalía o Alan, tres adolescentes trans que no pudieron aguantar la opresión social (y legal por ser menores de edad)

En pleno 2019, la LGTBfobia debería estar, como muchos ignorantes dicen, superadísima. Pues no solo NO lo está, sino que aún, medio siglo después del comienzo de los movimientos de liberación sexual, seguimos conociendo nuevas noticias sobre asesinatos de miembros del colectivo o suicidios de los mismos a causa de la discriminación y la opresión social.

Pero lo peor de todo esto es que cada vez estamos más acostumbradxs a recibir dichas noticias y, por ende, cada vez tenemos más normalizado que estas agresiones vayan en aumento. 

En nuestro país se han dado a conocer muchísimos casos de LGTBfobia este año, principalmente en Madrid y Barcelona, pero también en localidades más pequeñas como Vitoria o León. “Te voy a hacer heterosexual a hostias”, “lo preferimos muerto”, “maricón de mierda”… son frases que se han gritado contra nosotrxs en estos dos últimos años.

Pese a que España es uno de los países de Europa con una sociedad más tolerante, nuestro país ha presenciado suicidios como el de Ekai, Thalía o Alan, tres adolescentes trans que no pudieron aguantar la opresión social (y legal por ser menores de edad).

Mientras tanto, en el resto de Europa, al margen de la ultraderecha, la situación es aún más peliaguda si cabe. Sociedades como la polaca, la italiana o la letona, siempre se han mostrado, en mayor o menor medida, beligerantes con el colectivo LGTB+, sobre todo Europa del Este, donde el estilo de vida aún está muy arraigado a la tradición, a la religión y a la familia. 

Latinoamérica es una zona del planeta donde, dependiendo del país, nuestro colectivo es más o menos aceptado. El desarrollo socioeconómico ha hecho que países como Argentina o Uruguay sean los más amistosos con el colectivo.

Sin embargo, cabe destacar un par de países, Brasil y Guatemala. Pese a tener legalizado el matrimonio igualitario en todo su territorio, Brasil ostenta el vergonzoso récord mundial de agresiones y asesinatos de miembros del colectivo LGTB+.

En 2017 se registraron 445 homicidios contra personas LGTB, principalmente personas trans. Por otro lado, no hace mucho que saltó la noticia del brutal asesinato de dos chicas lesbianas en Guatemala, el cual ha venido seguido de numerosos ataques hacia nuestrxs hermanxs en dicho país. 

Los lugares más peligrosos de América para ser LGTB+ son Estados Unidos y las islas de Caribe. En estas últimas, suele ser únicamente ilegal la homosexualidad masculina, ya que, como en cualquier parte del mundo donde reine el machismo, 

las mujeres están hipersexualizadas y el sexo lésbico está considerado como una forma de excitar al hombre heterosexual cisgénero. En canciones de género reggae, además de hablar de paz y amor, y también por alentan a la gente a asesinar gays…

En Estados Unidos, desde el ascenso de Trump a la presidencia, el ataque a personas LGTB+ por parte de neonazis se ha multiplicado, aunque ya se habían presenciado auténticas barbaries, como la de Orlando. La legislación estadounidense, aunque reconoce el matrimonio igualitario, no protege al colectivo de amenazas sociales, ya que cualquiera puede hacerse con un arma y repetir la masacre de Orlando sin ningún escollo por medio. 

Solo en Brasil, en 2017 se registraron 445 homicidios contra personas LGTB+, principalmente, personas trans 

Asia, África y Oceanía son los contienentes más pobres en derechos LGTB+. Sudáfrica es el único país del continente africano que reconoce derechos mínimos para el colectivo, entre ellos, el matrimonio igualitario. En el resto de África, se contemplan penas que van desde multas hasta la pena capital, pasando por años de cárcel, y cadena perpetua.

En Uganda, por ejemplo, la ley no solo castiga la homosexualidad, sino que también obliga a la sociedad a denunciar a personas homosexuales. En caso de no hacerlo, la gente normativa también se expone a la pena de cárcel (castigo al colectivo heterosexual aliado).

En Gambia son muy frecuentes los ataques hacia personas LGTB+ por parte de la sociedad, del gobierno y por parte de los medios de comunicación, los cuales suelen publicar la imagen de personas “sospechosas de homosexualidad”. Finalmente cabe destacar Ghana, un país tan pobre en recursos económicos como en derechos, y es que en Ghana se han llegado a realizar hasta quedadas de gente para “cazar” homosexuales.

En el Magreb, los rezagos de la Primavera Árabe han vuelto a llevar la cuestión reformista del sistema de gobierno y de la ley a países como Argelia o Túnez. En Túnez ya hay una posibilidad de despenalizar la homosexualidad, ya que Mounir Baatour, abogado y político abiertamente gay del Partido Liberal de Túnez, se presenta como candidato a la presidencia del país en las elecciones tunecinas del próximo noviembre. 

MORIR POR SER LGTBAustralia y Nueva Zelanda presentan una sociedad con una parte a favor del colectivo y otra en contra. En ambos países se reconoce el matrimonio igualitario. Sin embargo, la vida LGTB+ en las islas del Pacífico es muy distinta: Países como Tuvalu o Tonga, los cuales contemplan la pena de cárcel de hasta 14 años por sodomía o “comportamientos que atenten contra la moral pública”, se convierten en lugares bastante peligrosos para ser LGTB+. 

Asia, el continente más extenso del planeta, es muy cambiante según la zona. El lugar más peligroso de Asia para ser LGTB es Oriente Medio, obviando Rusia. Arabia Saudí, Qatar o Irán son países donde se contempla la pena de muerte. De los países islámicos, cabe destacar uno que se podría considerar un “oasis”, Líbano. En Líbano, la homosexualidad es legal desde 2013 y, aunque la mayor parte de la sociedad se oponga a la diversidad, es cierto que hay bastante vida LGTB+ y algunos locales de ambiente en su capital, Beirut. 

En otras zonas de Extremo Oriente, la situación es distinta, ya que países como Vietnam, Laos, Camboya o incluso Japón carecen de una legislación que proteja al colectivo. La sociedad, sin embargo, en dichos países no suele ser reacia a la diversidad sexual. En Japón, por ejemplo, es más frecuente discriminar a personas LGTB+ no por su sexualidad o su identidad de género, sino por el desconcierto que causa encontrarse con alguien que se sale de la “norma”. 

Muchas sociedades, con el paso del tiempo, han ido abriendo su mente a los diferentes sectores de la sociedad, apostando por la diversidad. Pero nos encontramos en un contexto donde la prioridad es hacer piña frente a la creciente LGTBfobia y dejar los debates internos para luego, porque si no nos comemos a la LGTBfobia, será ella la que nos coma a nosotrxs. 

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