
Hay una diferencia importante entre decir “vejez” y decir “personas mayores”. La primera palabra arrastra connotaciones culturales de decadencia y final; la segunda pone el foco en la persona, no en el estereotipo. Y ahí empieza el problema.
En la cultura dominante —y también dentro del propio ambiente— seguimos asociando el deseo a la juventud. Cuerpos jóvenes, normativos, musculados, consumibles. Todo lo que se aleja de ese ideal tiende a desaparecer del escaparate.
Sin embargo, los datos contradicen el mito. Diversas investigaciones sobre sexualidad en etapas adultas muestran que la actividad sexual y el deseo no desaparecen automáticamente con la edad, aunque sí se ven condicionados por factores sociales y culturales. El estigma asociado al envejecimiento es uno de los principales inhibidores de la expresión del deseo en personas mayores, no la biología en sí.
En otras palabras: el problema no es la edad. Es la mirada.
Maspalomas: cuando el cine rompe el silencio
La película Maspalomas, protagonizada por José Ramón Soroiz, pone rostro a esta realidad. Su personaje, un hombre gay de 76 años, no es caricatura ni figura nostálgica. Es un sujeto deseante. Ama, se equivoca, sufre, se ilusiona.
Y eso es revolucionario en un contexto donde las narrativas queer suelen centrarse en la juventud, la salida del armario o el drama identitario temprano. Maspalomas habla de algo menos espectacular pero igual de importante: qué pasa cuando el orgullo tiene arrugas.
Además, la trama introduce otro elemento clave: la vuelta al armario en contextos institucionales. En residencias y entornos de cuidados, muchas personas LGTBIQ+ mayores optan por ocultar su orientación por miedo al rechazo o la discriminación. Estudios europeos y norteamericanos han documentado esta realidad: el temor a la homofobia en servicios de atención a mayores es una de las razones por las que muchas personas prefieren no visibilizar su identidad en estos espacios.
El premio a Soroiz en los Goya 2026 no solo reconoce una interpretación sólida. Reconoce una historia que hasta ahora no tenía espacio en el centro del relato cinematográfico español.
Edadismo dentro del colectivo: cuando el deseo también discrimina
El edadismo no siempre se manifiesta como insulto. A menudo se disfraza de “preferencia”.
Frases como “hasta 35”, “solo jóvenes”, “no mayores” forman parte del paisaje habitual en aplicaciones de citas.
En un análisis reciente sobre discriminación en apps dentro del colectivo, se señalaba cómo el deseo puede convertirse en un mecanismo de exclusión cuando se normalizan filtros sistemáticos contra determinados cuerpos o edades. El argumento recurrente es: “son mis gustos”. Pero los gustos también se construyen socialmente.
La investigación en psicología social ha mostrado que los hombres gay mayores reportan niveles más altos de exclusión en contextos de citas online que sus pares heterosexuales de la misma edad. La combinación de homofobia histórica y edadismo actual genera una doble presión: haber vivido años de invisibilidad y enfrentarse ahora a la marginación dentro del propio entorno.
El mensaje implícito es demoledor:
“Tu momento ya pasó.”
Maspalomas cuestiona directamente esa narrativa.
Envejecer dentro del colectivo: memoria, duelo y resistencia
Envejecer como persona LGTBIQ+ no es lo mismo que envejecer en un contexto heterosexual normativo. Muchas personas mayores del colectivo han atravesado:
- La criminalización y patologización de la homosexualidad.
- La crisis del VIH/sida y la pérdida de amistades y parejas.
- Décadas de activismo para conquistar derechos básicos.
Reducir esa experiencia acumulada a una supuesta “pérdida de atractivo” es una simplificación injusta y violenta.
Además, diversos estudios sobre salud mental en personas mayores LGTBIQ+ indican que la soledad y el aislamiento pueden estar vinculados no solo a la edad, sino al miedo a la discriminación en servicios sociales y sanitarios. Es decir, la invisibilidad no es casual: es estructural.
Por eso, cuando el cine decide mostrar a un hombre gay mayor como protagonista de su propia historia afectiva, está haciendo algo más que entretenimiento. Está restituyendo dignidad narrativa.
El impacto cultural: del Goya al debate social
El reconocimiento de Maspalomas en los Goya 2026 ha servido como catalizador. No porque sea la primera película en abordar el tema, sino porque lo ha hecho desde la normalidad, sin convertir la edad en tragedia ni en moraleja.
Y ahí está la clave: normalizar el deseo en personas mayores no significa romantizarlo, sino dejar de tratarlo como anomalía.
En términos culturales, esto tiene implicaciones profundas: amplía el imaginario queer más allá de la juventud; cuestiona el mercado del deseo centrado exclusivamente en lo joven; y obliga al colectivo a revisar su propio edadismo.
Conclusión: el deseo no caduca
El orgullo no es solo una celebración de identidades jóvenes y visibles. También es el derecho a envejecer sin esconderse. A seguir deseando sin pedir permiso. A no volver al armario por cumplir años.
Maspalomas ha puesto el foco donde dolía.
Ahora la pregunta es si el colectivo está dispuesto a mirarse en ese espejo.
Porque si hablamos de libertad real, tiene que incluir todas las etapas de la vida.
Y el deseo —por suerte— no entiende de fecha de caducidad.



