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Sexo en Nueva Yo: Síndrome Post-No Vacacional

Después de semanas aguantando fotos y vídeos de mis amigos y su entorno medio en bolas casi todo el verano, el amigo de un amigo se ha apiadado de mí y me ha sacado esta noche

Todo un ejemplo de solidaridad que no han tenido otros que, a estas alturas, siguen olvidándose de los colegas pobres y subiendo las mismas fotos y vídeos que hace unas semanas para rememorar ahora los mejores momentos de un estío que, técnicamente, no ha finalizado (y encima tenéis los huevos de llenar los posts de emoticonos tristes).

Le he agradecido al muchacho el gesto pues ya no sabía dónde poner el culo en mi casa. Me subía por las paredes con tanta exposición carnal en bucle. Entre eso, el calor y la falta de vacaciones, finalmente he acabado más encendido que un horno a 220º y ni siquiera el teléfono de la lucha me ha aplacado las altas temperaturas -un teléfono, por cierto, al que ya he dado mis dos apellidos de la familiaridad que nos hemos cogido estos últimos meses. Para rizar el rizo, he empezado septiembre encontrando atractiva a media plantilla masculina de la oficina y, a la otra media, follable.

No me juzguéis porque todos hemos tenido fantasías con algún que otro compañero. Y es normal, vuelven morenos, relajados y quejándose de sus mujeres e hijos. Vamos que, parece que van pidiendo un buen polvazo a gritos- o al menos, eso es lo que a mi mente le gustaría oír. Menos mal que me aplico eso de “donde tengas la olla…” y que el amigo de mi amigo me ha rescatado a tiempo porque de lo contrario habrían abierto la nueva temporada de Espejo Público con mi cara en titulares.

Pero, lo peor de todo no ha resultado ser el calentón sino las grandes expectativas que he puesto en la salida de esta noche. Como suele pasar en estas situaciones, cuanto más marcas el calendario, ansías la fecha y te arreglas, peor. Es preferible improvisar y no afeitarse si quieres conseguir un reconfortante ocio nocturno. Tampoco me puedo quejar al cien por cien porque la primera parte de la noche ha sido buena. Seguro que más de uno y más de dos coincide conmigo en que lo mejor de una noche de fiesta suelen ser las cenas, porque durante ellas realmente disfrutas de la compañía y la conversación con los amigos. Eso se pierde en los locales con tanta música a todo volumen y tantas distracciones alrededor.

Precisamente ha sido en la discoteca cuando he comprobado dos cosas: que los astros no estaban a mi favor y que los cuarenta me han vuelto prácticamente invisible. Mi gozo ha acabado en un pozo muy profundo tras constatar cómo los más jóvenes no me miran por no tener pinta aún de daddy consolidado… y los tipo “papis” hacen lo propio por no verme con la piel de un jodido millenial.

Al final he optado por resignarme e irme a casa con mi calentón, al reencuentro con mi ducha (que parece ser la única que me entiende). Dicen que una retirada a tiempo siempre es una victoria, aunque no lo tengo muy claro. Eso sí, lo que tengo es ganas es de decir ya eso de “Winter Is Coming” para ver si me calmo. Ejem… Mierda. Con la frasecita, me ha venido a la mente John Snow y he vuelto a mojar braga. Pa’ la ducha de nuevo.

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Jordi Domínguez Macizo

Nacido en Barcelona el 2 de mayo de 1977. Tauro (con todas sus consecuencias 😃) La Historia Interminable de Michael Ende fue el libro que me marcó y me hizo sentir pasión por la lectura y escritura. Mi primera novela, el thriller Los Chicos del Parque, recoge otras influencias más allá de lo literario como es el universo de Twin Peaks, el cine de David Fincher o la música de baile de los 80 y 90.

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