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Sexo en Nueva Yo: Me cuesta tanto saludarte

El amigo de un amigo está de bajón. Hace un par de días echó un polvo con un chico que le gusta bastante. Hoy se han cruzado en un bar y el amigo de mi amigo se ha quedado con el saludo en la boca. Obviamente, eso no le ha gustado nada y ha salido del local muy decepcionado. Pobre criatura, parece nuevo.

Reconocerse ya no se estila. No se lleva. En cualquier entorno. Incluso en el lugar de trabajo. ¿Nadie tiene compañerxs que únicamente le dirigen la palabra a unx cuando quieren algo? (básicamente, para que acabes haciendo tú su trabajo). Apuesto a que sí. Pues con los encuentros casuales, pasa lo mismo. No debería, pero pasa. Un “hola” o un “buenos días” debería pronunciarse sin ningún tipo de reparo. Es gratis y demuestra una educación básica del emisor. Puedo entender que una persona sea tímida cuando no existe apenas relación entre ambas partes, pero una vez te has comido todo el menú del de enfrente- copa y puro incluidos-, pues eso es de ser maleducado.

Lo que le pasa a alguna gente es que pronunciar esas escasas sílabas les supone una rebaja en su estatus. Una paja mental como la que se hacen los que solo te saludan dependiendo de con quien estés. Es decir, que si te ven con el encargado de ponerte en la lista de la discoteca de turno, pues te saludan. Que luego te ven en el súper comprando solo, pues pasan por tu lado como si tú fueras poco menos que transparente. Por no hablar de los que te saludan cuando ellos van solos, pero que no lo hacen cuando van con su grupo de amiguis guays– corrillos también comúnmente conocidos como chupipandis. En esta última tesitura es en la que se ha visto involucrado el amigo de un amigo con su ligue de una noche. La que os he dicho que le ha hecho salir del local decepcionado.

Bien, pues justo cuando yo pensaba que me iba hacer caso y no le iba a dar importancia al asunto, va el tío y se mete de nuevo en el bar con una mano en los huevos, por dentro del pantalón. Sus amigos le han seguido para asegurarse que no se iba a poner en evidencia. Y más bien ha sido todo un derroche de personalidad y educación. Ha cogido y le ha dicho al chico que le gusta, además de un sonoro “hola”, “aquí te dejo el cockring que te dejaste en casa hace dos noches”. La segunda parte ha sido tan o más sonora que el saludo y al otro, que se ha puesto más rojo que un semáforo, casi le ha hecho falta un logopeda para articular el “gracias”. A mí, el amigo de un amigo ya me tiene ganado.

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Jordi Domínguez Macizo

Nacido en Barcelona el 2 de mayo de 1977. Tauro (con todas sus consecuencias 😃) La Historia Interminable de Michael Ende fue el libro que me marcó y me hizo sentir pasión por la lectura y escritura. Mi primera novela, el thriller Los Chicos del Parque, recoge otras influencias más allá de lo literario como es el universo de Twin Peaks, el cine de David Fincher o la música de baile de los 80 y 90.

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