Gay LifeStyle

Sexo en Nueva Yo: La curiosidad mató al hetero

Un amigo de un amigo nos ha reunido para tomar algo y contarnos sus últimas peripecias vitales.

Si me decidí acudir a la cita fue más por ubicarse en un chiringuito de playa que por lo que nos pudiera contar. Pero al final, ha resultado entretenido a la par que edificante.

Veréis, el amigo de mi amigo cambió hace unos meses de gimnasio. Por lo visto, un gimnasio nada frecuentado por gays según el resto de asistentes. He de reconocer que en ese punto, yo todavía no estaba prestando mucha atención. Yo el gimnasio lo piso en invierno y a ratos, pero en verano soy más de levantamiento de barra en terrazas, bares y chiringuitos. Me gusta desconectar. Pero, siendo honestos, la desconexión no ha durado mucho. Y es que resulta que la quedada organizada por el amigo de mi amigo era para probarles a los demás que su teoría acerca de su nuevo gimnasio era totalmente errónea, ya que disfruta de un cancaneo y escenas de sexo como nunca antes. Ahí ya he visto que la conversación era seria y me he pedido mi segundo tinto de verano.

El nuevo gimnasio ha sido todo un descubrimiento. Una mina de heteros curiosos. El amigo de mi amigo ha relatado que pese a las miradas duras y de perdonavidas que algunos visten en la sala de musculación, todo se disipa en la zona de las duchas, donde las puertas se dejan entreabiertas como quien no quiere la cosa para poder disfrutar del espectáculo del vecino de enfrente. Mientras algunos se contentan con el deleite visual de ducha a ducha, los hay de otros que pasan a una segunda fase que consiste básicamente en ir mirando de reojo a ver si los sigues o te metes en la sauna o baño de vapor. El amigo de mi amigo dice que sus heteros prefieren el turco, por ser más discreto- que ser hetero, curioso o no, no significa ser gilipollas, quede claro.

Acto seguido ha detallado centímetros y posturas, que no vienen al caso. Ya sabéis todxs que nunca hay dos iguales y todas se clasifican por: me cabe/no me cabe.

Lo que más me ha sorprendido y me ha hecho disfrutar del monólogo (porque yo sólo he abierto la boca para ir pidiendo copas) ha sido el final del relato porque, con él, el amigo de mi amigo ha desmontado el aura divina del dichoso gimnasio. Ha sido más o menos así. Al parecer, hay mucho hetero hijoputa que después de calentar y montar (algo más que) el numerito, tiene los santos cojones de irse al mostrador de Recepción del gimnasio a quejarse formalmente de que los gays- con los que flirtea (este detalle lo omite, obviamente)- se tocan delante de sus narices. Así que, ojito. Avisaos estáis. El amigo de mi amigo ha contado que tiene una táctica. Gracias a su buena memoria visual, inspecciona y memoriza todo tipo de lunares, manchas de nacimientos, tatuajes, y un largo etcétera- con sus correspondientes ubicaciones geográfico-anatómicas- para, en caso de emergencia, poder propagar su conocimiento de causa a los cuatro vientos, preferiblemente delante de esposas, novias, prometidas y amantes varias. Es mi héroe. Me he pedido otro tintorro para brindar por él.

Conclusión: Ya no hay heteros como los de antes. Ahora ya no tienes que esperar a los cinco gin-tonics de rigor… háblales de Crossfit y pa’ dentro. Moraleja: El que quiera follarte que venga a casa y te ahorras escándalos, que bastante tiempo nos ha llevado disfrutar de lo que nos gusta como para tener que volver a hacerlo a escondidas.

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Jordi Domínguez Macizo

Nacido en Barcelona el 2 de mayo de 1977. Tauro (con todas sus consecuencias 😃) La Historia Interminable de Michael Ende fue el libro que me marcó y me hizo sentir pasión por la lectura y escritura. Mi primera novela, el thriller Los Chicos del Parque, recoge otras influencias más allá de lo literario como es el universo de Twin Peaks, el cine de David Fincher o la música de baile de los 80 y 90.

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