Gay LifeStyle

Quiero tener sexo en la ciudad…pero ¿cuándo?

Hoy voy a empezar por el final. El de la noche, para ser más exactos, cuando se satura Internet por la avalancha de perfiles virtuales conectados y se inicia el largo proceso del pre-apareamiento. Un amigo de un amigo me ha contado que le lleva horas echar un polvo en la gran ciudad a altas horas de la madrugada. Pongámonos en situación.

Tras la juerga, lo que todo hijo de vecino quiere es rematar. Eso es lo deseado. Y hasta lícito. Te has pegado tus bailes, te has rozado, has mirado, sonreído, coqueteado… En resumen, has calentado y te han calentado a partes iguales y lo que no te has atrevido a hacer ni decir cara a cara durante todas esas horas de pavoneo, ahora vas y lo haces por medio de un teléfono móvil inteligente.

Lo de inteligente solo se aplica al dispositivo, sin duda, porque a esas horas a ciertas neuronas solo les llega el flujo mínimo de intelecto para escribir las preguntas: “¿qué buscas?” y “¿qué te va?”. Vaya, lo mismo que podrías haber averiguado en la discoteca, si te hubieses lanzado, pero que, por alguna extraña razón, se te ha pasado. Será por aquello de que es mejor que quede todo por escrito, no vaya a ser que haya que presentar luego pruebas en alguna ventanilla. Y todo ello sin contar con los prejuicios tipo: que si a este lo conozco, que si es un chismoso, que si conoce a mi ex, que si es/fue amigo de, que si está a cinco minutos andando (demasiado lejos para los cánones de una capital), que si no estás en el mismo centro (pereza enorme si eres de un barrio periférico); que si después de pedir cuarenta fotos ahora estoy cansado; que si sí, pero voy muy colocado, que si mi chico se ha quedado dormido…

Total, que este amigo de un amigo se cansa de conversaciones nada claras, de tanto videobook y de ver el alicatado de baño de media capital. Así que, decide irse a una sauna.

Lo de sauna es por respetar lo que pone el letrero de la puerta porque a juzgar por el contenido que se encuentra uno al entrar aquello es más bien un mercado de abastos: gente que cacarea apoyada contra la taquilla, porque no se sostiene en pie, gente roncando en las cabinas e interminables paseos en chanclas.

El amigo de mi amigo cae en la cuenta de que la gente ya no va allí a tener sexo sino a seguir con la juerga. Y, como él lo que quiere es meterla en caliente, pero en algo caliente que se mueva y no esté desplomado sobre una superficie de goma, coge y se va. Con mala leche, eso sí, porque tirar el dinero jode y perder tiempo, jode el doble. Ya en casa, se echa a dormir. Mientras sueña, los mensajes empiezan a aparecer en su móvil. A partir de las 15 horas, eso sí, que es cuando parece que empieza a recuperarse la gente de ciudad.

Conclusión: el amigo de mi amigo va a mudarse a un pueblo. Cree que lxs de pueblo tienen más (y mejor) sexo que lxs de ciudad porque no se están con tantas tonterías. Van a lo que van y sin dar tantos rodeos al carecer de tantas distracciones inútiles… sin after, ni chill, ni sauna, ni su puta madre en patinete.

Estoy por acompañarle. La actitud urbanita es, por irónico que suene, rematadamente pueblerina. Y, a veces, más cateta si cabe (sí, se puede ser de urbe y cateta por la misma razón por lo que no todo lo que te enseña la vida se encuentra ni en los libros ni las nuevas tecnologías). Por no hablar de esa soberana gilipollez que nos lleva a creernos superiores a los que residen en otros entornos. Hay que aceptarlo. Quien más quien menos, en España, tiene raíces rurales, porque si algo ha sido (y sigue siendo) España es rural (y que lo siga siendo). Y hay que reivindicarlo. Gracias a esa parte, comemos todos. Y es muy dura. Tan dura como sacrificada. Así que, vaya por delante mi respeto y las gracias a la gente de campo, a la que se le debe tanto y se cuida tan poco. Voy a ducharme y a llamar al amigo de mi amigo. Me apetece un polvo al aire libre.

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Jordi Domínguez Macizo

Nacido en Barcelona el 2 de mayo de 1977. Tauro (con todas sus consecuencias 😃) La Historia Interminable de Michael Ende fue el libro que me marcó y me hizo sentir pasión por la lectura y escritura. Mi primera novela, el thriller Los Chicos del Parque, recoge otras influencias más allá de lo literario como es el universo de Twin Peaks, el cine de David Fincher o la música de baile de los 80 y 90.

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