Gay LifeStyle

Be Yourself / Tag Me / Etiqueta esto

Que te parecería vivir en un mundo donde todo lo que puedas imaginar está catalogado, diferenciado y etiquetado, donde no hay lugar para la ambigüedad y que la misma ambigüedad sea una etiqueta, no pienses más, porque es el mundo que conocemos

Vivimos en un mundo donde todo está catalogado, donde desde antes de nacer se nos otorga kit de codificación a puertas de nuestra llegada al mundo, tras dar la primera bocanada de aire se nos toma la huella plantar, sin contar que ya tenemos un sexo marcado por la dualidad varón/hembra.  Enhorabuena, estas a punto de recibir otra numeración, tanto de identificación como sanitaria. No te preocupes, estas no serán las ultimas clasificaciones que vas a adquirir.

Según la genética que te toque, tus años de colegio e instituto puede ofrecerte más «títulos nobiliarios» que a la Duquesa de Alba (que en paz descanse), el rubio, gorda, palillo, negro o chino-curiosamente estos motes aunque parezcan raciales son para personas caucásica-, medio metro, cabeza… Todo lo que el poder de observación y una creatividad cruel puedan llegar a implantar. Por supuesto también se da el caso de comparación con animales, celebrities y objetos inanimados.

Estos motes o etiquetas puedes llevarlos de por vida, hasta aquí es un problema que se da en toda la sociedad, seas de la religión, sexo y raza que seas. Pero cuando eres diferente al resto, te das cuenta y asumes abiertamente ser una persona LGBT+, empezamos a cargar con más hashtags de la cuenta  #maricon #travelo #bollera #viciosx #amanerado #tortillera… Esta parte no mola tanto, ya las etiquetas ahogan demasiado y deseas urgentemente pasar a edad adulta y dejar esa crueldad atrás-como si fuera fácil acabar con los prejuicios- la cosa incrementa cuando eres mujer, de otra etnia o religión, si lo tienes todo, eres más superviviente que Rosa Benito.

Pasada esa etapa, llega el momento más esperado, eres adulto, te teñiste y perdiste algunos kilos, aunque aún te siguen llamando por tus motes de la infancia rubio y gordo, llevas bien tu orientación sexual, a pesar de haberte enfrentado a alguna ofensa por tu sexualidad, te consideras una persona de éxito.

Un día vas al supermercado  a comprar unos huevos y te encuentras en duda, cuál será la media docena que se adapta mejor a ti, huevos criados en libertad, de corral, alimentados con maíz, de criadero industrial, sin gluten…-si esto te empieza a agobiar te recomiendo que no pases a la sección de panadería.  Caes en la cuenta de que todo está etiquetado, diferenciado.

Una vez en casa te tomas un selfie para IG,  una sola línea de estado  y 30 hashtags; #beardmen #mascxmasc #masculino #gaymale #ceroplumas #macho #top #topxtop #pig…

Y de repente todas esas etiquetas que tanto odias, esa homofobia recibida en tu infancia y en tu edad adulta la haces tuya, comienzas a etiquetarte y etiquetar todo, en muchos casos rozando la misma homofobia dentro del colectivo.

A día de hoy seguimos diferenciarnos, presuponemos lo que es lo bueno y malo, caemos en la trampa del heteropatriarcado, anteponiendo lo masculino a lo femenino sin mirar más allá en una sociedad donde siempre gana el hombre, el canon masculino y paradójicamente, intentando parecernos a aquellos que nos hicieron la vida un poquito más difícil.

Yo no sé vuestros padres, pero a mí no me supieron enseñar a ser homosexual.  Partiendo de ese punto, tanto lo masculino como lo femenino puede ser hermoso, ya que no existe una norma no escrita ante lo que nos debe o no gustar, nacimos libres para elegir y amar, y hasta que no hayamos aprendido esta lección nunca saldremos del armario de las etiquetas y los prejuicios, seguiremos creando nuevas etiquetas y diferencias condenándonos a no ser completamente libres.

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