
Por fin se encendieron las pantallas: la quinta y última temporada de Stranger Things llegó finalmente a Netflix, y lo hizo con más valentía, intensidad y diversidad que nunca. A medida que los niños (que ya no lo son) regresan a Hawkins para el cierre de su historia, la serie nos deja con un regalo: una narrativa que abraza la identidad queer sin reparos, ofreciendo a sus personajes gay y lesbianas el espacio —y el cariño— que merecen.
Estreno planetario y adiós en tres actos
Tras casi una década marcando generaciones, la serie de los hermanos Matt Duffer y Ross Duffer estrena su temporada final en tres tandas: el Volumen 1 aterrizó el 27 de noviembre en España (02:00 h), con cuatro episodios de duración generosa; el Volumen 2 llegará en Navidad; y el cierre definitivo cerrará el 31 de diciembre
Este formato de “despedida compartida” parece pensado para que vivamos —juntas/os— cada emoción: miedo, nostalgia, amistad… y amor.
Amor, identidad y visibilidad: queer y orgulloso
Desde hace años, la comunidad LGTB ha señalado a Stranger Things como un referente potencial: ¿será Will Byers gay? ¿Tendremos un romance entre chicos? En esta quinta entrega, esas preguntas encuentran al fin una respuesta firme. El propio actor de Will (Noah Schnapp) afirmó que “es 100 % claro”: Will es gay y sus sentimientos hacia Mike ya no son solo sugerencias: constituyen un camino hacia la visibilidad real.
Además, la actriz Amybeth McNulty —quien interpreta a la pareja de una de las protagonistas, Robin— ha anunciado que la temporada es “la más gay que hemos tenido” y promete “escenas queer con orgullo, cariño y normalidad”.
Para una comunidad como la nuestra —diversa, orgullosa, deseosa de historias que nos reconozcan—, este desenlace es un triunfo. No es solo un final: es una celebración de identidad, de amor, de aceptación.
¿Por qué esta despedida importará, y de verdad, para el colectivo?
Porque más allá de monstruos, portales y aventuras ochenteras, Stranger Things (finalmente) asume que la adolescencia no siempre viene con etiquetas heteronormativas. Que el miedo, la confusión, la angustia —y también la esperanza— pueden vivirse desde cualquier orientación. Que ser diferente no significa estar solo.
Y, sobre todo, porque en una serie con el alcance de Stranger Things visibilizar a personajes queer —sin convertir su orientación en drama, sino en parte natural de la historia— tiene un impacto enorme. Para jóvenes, para familias, para compañeres, para quienes hemos crecido creyendo que nuestros sentimientos eran un error.
Despedimos Hawkins, abrazamos el mañana
La nostalgia golpea. Hawkins se apaga. Pero las luces no se apagan del todo: se transforman. Del terror ochentero a la esperanza luminosa. Del Upside Down al orgullo.
Así que prepara palomitas, reúne a tu gente y —si puedes— deja que esta última temporada te atraviese: porque quizá —solo quizá— la mejor batalla que ganamos al fin no sea contra monstruos sobrenaturales, sino contra el miedo a ser nosotres mismes.



