
En Togayther no hablamos de homofobia solo cuando se manifiesta en forma de insulto o agresión. Hablamos de ella también cuando se cuela en la educación, en los silencios familiares y en todo aquello que aprendimos antes incluso de tener palabras para explicarnos. Por eso hoy ponemos el foco en una idea que incomoda, pero que resulta necesaria: la homofobia no aparece de la nada, se transmite.
La reflexión parte de José Luis Lázaro, psicólogo especializado en diversidad sexual y salud emocional, que recientemente resumía años de experiencia clínica con una frase tan sencilla como demoledora: “La homofobia se transmite entre generaciones como una enfermedad”. No es una exageración. Es la constatación de algo que muchas personas LGTB+ han vivido sin saber cómo nombrarlo.
El miedo que no se dijo, pero se aprendió
Durante generaciones, crecer fuera de la norma significaba aprender a esconderse. No siempre hubo gritos ni castigos, pero sí advertencias, miradas incómodas y ese mensaje constante de que había algo en ti que era mejor no mostrar. Ese clima emocional es el que, según Lázaro, se hereda. Un miedo aprendido que pasa de padres a hijos, incluso cuando existe amor y buena intención.
El problema es que ese miedo no desaparece con los años. Se convierte en vigilancia interna, en culpa, en dificultad para mostrarse tal como una es o como uno desea. Muchas personas LGTB+ no se odiaron abiertamente, pero sí crecieron corrigiéndose, moderándose, intentando encajar para no decepcionar. Esa es una de las formas más persistentes de la homofobia: la que no hace ruido, pero deja huella.
Hablar de transmisión generacional no es buscar culpables, sino entender el origen de ciertas heridas. La mayoría de familias que educaron desde el silencio o la incomodidad también fueron educadas así. La diferencia ahora es que existen herramientas para romper ese ciclo: información, referentes positivos y espacios donde revisar lo aprendido.
En Togayther creemos que poner nombre a estas realidades es una forma de cuidado colectivo. Reconocer que parte de la homofobia se hereda nos permite dejar de cargarla como algo personal y empezar a transformarla. Porque lo que se aprende puede cuestionarse. Y lo que se hereda no tiene por qué repetirse.


