Cultura

Mapplethorpe, el fotógrafo que convirtió la pornografía en arte

Robert Mapplethorpe ha sido el fotógrafo del cuerpo por excelencia. Hizo del sexo su elixir de vida, y lo convirtió en una parte fundamental de su obra

Uno de los artistas más influyentes del siglo XX es Robert Mapplethorpe. Muchos critican su obra de controvertida, polémica, e incluso, obscena. Hizo de la sexualidad y la pornografía toda una obra de arte. Consumido por el sida y las drogas, murió en 1989 a los 42 años de edad en un hospital de Boston. 

Conocido en el mundo entero por sus fotografías de cuerpos desnudos y retratos, se hizo famoso gracias a su relación con la cantante Patti Smith. Con ella tuvo una relación profesional, además de amorosa, hecho que le llevó a crear la portada de su álbum Horses

Mapplethorpe se formó artísticamente en el Pratt Institute de Nueva York, pero su labor no se centrará en el medio fotográfico hasta la segunda mitad de los setenta. Sus primeras producciones se mueven en un ámbito más ambiguo, en el que el uso de la fotografía como soporte básico de la imagen se inserta dentro de una actitud marcada por herencias de corte pop y conceptual. El collage, la manipulación del color y la alteración de formatos y enmarcados distinguen estas primeras obras. 

Pero, lo que siempre ha estado presente en las fotografías de Mapplethorpe han sido el carácter extremadamente explícito de sus referencias sexuales. Alusiones a la homosexualidad y al sadomasoquismo son frecuentes en toda su obra. Asimismo, su magistral sentido de la percepción, las gradaciones y las texturas lo convierten en un artista elegante, a la par que controvertido. 

Colección s&m Mapplethorpe
The Indianapolis Star

Pero, además de su obra, su vida es otro de los rasgos que hacen de Mapplethorpe una leyenda. Patricia Morrisroe, autora de su única biografía autorizada en alguna que otra ocasión ha manifestado su admiración al artista. Su primer encuentro con el mismo lo define de la siguiente forma:

“Parecía un vampiro, en aquel desolador e inquietante loft de Bond Street. Había un colchón con sábanas negras de seda, encerrado en una jaula de alambre. Se sentía incómodo con la luz del día, incluso en la oscuridad de su estudio. Entonces resultaba atractivo, con un cierto aire de Rimbaud. Siempre estaba muy pálido. Tenía una mirada penetrante. Su figura era menuda, y llevaba su característica chaqueta de cuero. Sus ojos estaban vidriosos, tomaba muchas drogas, probablemente estaba puesto. Parecía una criatura de otro mundo. Pero había algo muy tierno en él. No hay duda que pretendía sorprender, observar y juzgar la reacción que tenían sus obras en los demás”.

Según su biógrafa, el artista dividió su obra en tres partes antes de morir: “Sus hermosas flores, aunque de evidente carga erótica, podían colgarse sin problema en las paredes de cualquier hogar; los retratos de factura clásica del beaumonde eran una forma fácil de ganar dinero y le abrían paso a las altas esferas que tanto le atraían; pero su serie S&M (sadomasoquistas) le convertía en el provocador que atraía la notoriedad”.

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Mapplethorpe, el hombre que miró de frente a la muerte, el mismo que adoraba al diablo, es y siempre será una leyenda. Su legado nos embauca en un mundo de “pornografía artística” en la que la perfección y la belleza son los verdaderos protagonistas. 

Fuente
El País
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Marcos del Toro

"Lo normal para una araña, es un caos para la mosca". Luchando, creciendo y aprendiendo cada día.

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