Cultura

‘Dientes, Dientes’ la exposición de Cristóbal Tabares en la Fresh Gallery

Del 8 de noviembre al 5 de diciembre podremos disfrutar de esta exposición que es a su vez un divertido y entrañable viaje por la memoria colectiva, esa misma que hace que todos ubiquemos la boda de Lolita casi como suceso universal o reconozcamos el disparatado movimiento ocular de Marujita Díaz como si se tratase de la mismísima Marilyn Monroe en La tentación vive arriba

“Soy ciudadana de un país democrático. ¿Te quieres callar?”. Tan incoherente frase, pronunciada por una enfurecida Aramís Fuster a mediados de los 90 en un debate televisivo, encaja perfectamente con la obra e intención de Cristóbal Tabares. En primer lugar porque es un maestro en combinar mundos opuestos, tan opuestos como alardear de democracia para luego mandar callar a los demás. Y en segundo lugar, precisamente por eso, porque una de las muchas cosas de las que puede presumir el artista es de su capacidad democratizadora, haciendo que la alta y baja cultura se den la mano.

La prensa rosa es un género existente en todos los países y continentes, pero es en nuestro país donde curiosamente alcanza el arquetipo de fenómeno periodístico, que aún siendo denostado, resulta uno de los más influyentes en la sociedad española. Es precisamente de las revistas y la televisión donde provienen los protagonistas de las obras de Tabares, sabiendo descontextualizar la noticia para centrarse en la imagen, y logrando a su vez que ésta nos rememore alguna frase concreta del personaje en cuestión, trasladándonos en un segundo a una situación que hasta creemos haber vivido.

Su destreza y perfección en el óleo permiten que Isabel Pantoja se integre en El descendimiento de Cristo,de Rubens, o que La Veneno se tumbe plácidamente en el Almuerzo sobre la hierba de Manet, como si siempre hubiese estado ahí. Más próximo a la ironía que a la transgresión premeditada, Cristóbal Tabares tiene el don de actualizar obras clásicas, demostrando así ser un experto en el arte de descontextualizar. En su obra no cabe el prejuicio, si no la integración absoluta. El pop enlazándose con el estilo barroco o realista. El renacimiento acogiendo en su esplendor a cualquier personaje de un late night. Quizás porque Tabares, sin pretender recalcar su ingenio, no sólo pinta, sino que también fagocita.

Dientes, dientes es a su vez un divertido y entrañable viaje por la memoria colectiva, esa misma que hace que todos ubiquemos la boda de Lolita casi como suceso universal o reconozcamos el disparatado movimiento ocular de Marujita Díaz como si se tratase de la mismísima Marilyn Monroe en La tentación vive arriba. Folclóricas, Misses y miembros de la jet set que nos resultan próximos y hasta familiares. Tabares logra hacer empatizar al espectador con la Amparo Muñoz que alza su copa, la Gunilla Von Bismark más festiva y noctámbula, o con una Baronesa Thyssen que se convierte por obra y gracia del artista en la Beyoncé nacional. Al primer instante sabes que Carmina Ordóñez se lavaba los pies con cerveza, que la Duquesa de Alba bailaba sevillanas, y que Encarna Sánchez no estaba para bromas.

La que esto escribe tiene el placer de poseer en su salón un Cristóbal Tabares, con el retrato de una Sara Montiel, escoltada bajo unas enormes gafas de sol a su salida del juzgado. Todo aquel que ve la obra siente que ésta le habla, y acaban diciendo: “¿Pero qué pasa? ¿Pero qué invento es esto?”. Porque el arte de Tabares es al mismo tiempo un tributo a la España cañí. Una secuencia congelada que te habla. Como las caras de Bélmez.

Valeria Vegas

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